esbozo: en su mano se deja ver un dejo de algo que se le ha filtrado, tal vez de sus acciones anteriores al momento en que me encuentro con su prescencia, fuerte, corrompida, expresión arrugada... su mano crispada. no se entiende su figura desde lejos, cinco minutos anteriormente, ántes de llegar a su encuento. son solo pisadas fuertes sobre un piso que erosiona y hacia arriba ella se posa sobre estas piernas, que supone largas (longitud diametralmenete opuesta al horizonte) y que han sostenido un peso incalculable de tristeza anómala, que se cuela en esos hombros caídos, hacia un costado que derrámase en un torso, quien ya no se prolonga cuando se acerca a un cuello empapado de cabello desalineado por el tiempo, cuello aquebrantado por su propia cabeza tan alienada como alienante; ya pareciera estar muerta con esa sangre que me provocan sus ojos cuando llegan las luces crepusculares y finalmente este cuerpo, el mío, cinco minutos después la encuentra, enfrentadas: yo y tal vez la vida de los otros.
es este un espejo humano. es esta reflexión humana que se va uniendo n una sucesión de miradas inoportunas. y nos vamos quedando perplejas en ese momento de culminación de la busqueda. me mira colmada de enchastre interno y los intestinos le crujen, exhalan sonidos en una respiración no entrecortada, sino cortante, en la que se ahoga hasta que de pronto la sorprende un espasmo liviano que la recorre y la arroja de esqueleto al piso. los astros la acogen, creo que entonces me hago ella y me vuelvo a mirar, así la veo yo. toma mi perspectiva el amargo gusto de la sabiduría cuando recojo con mis mnos mis propias manos, me estoy acariciando, de mujer a mujer, no es solo una, no es ella una; somos dos.
superamos la distancia del silencio, disfrutando ahora esa falta de sonidos que es entonces incómoda, alguna arroja la primer palabra como piedra, de espaldas me encuentra el mismo y me asusta y vuelvo a dar vuelta mi mirada. estoy ahora viendo los árboles que se esconden detrás de su espalda, que sospechan ese misterio- un hombre de espaldas es un gran misterio. me apoyo sobre un tronco. cinco minutos ántes, cinco sentidos me han regalado. no comprendo cuando me está mirando; ¿me está recorriendo? ¡apuñalando! y dejándome caer para ya nunca más levantarme, permitiéndome a mi posar mi ojo en esta cerradura que es su vida ajena, donde se encienden voces desconocidas, ya descifrando los códigos, desarrollando fórmulas que contienen basura, extirpando mi mundo pero que (aún) desconocen -ese cuarto inmenso deshabitado y frío.
desnuda tenía la idea de apagarseno ántes sin develar la vida de los otros, radiaciones peligrosas que la habían sumizamente acariciado en un pasado fugaz que se derretía en un presente infinito.
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