llegué y estaba lleno de polvo, pintura, pedazos de techo sobre el piso conformando un espacio colapsado, turbio y entonces los claroscuros aquebrantando un poco mi calma postrada en esa melancolía: ese saberte última vez.
tu cuerpo me espera, no espero yo más tiempo para caer en ese abrazo tan último. nuestra unión. prolongandose en lo eterno, acostandonos delicadamente sobre ese final como si ya ese final, ese acaecer en un jamás, fuese vano. percibimos la nostalgia: etérea, opulenta entre la piel y ese sabor tan dulce y tan amargo que supiste darme en esa tarde post colegial de ropa desalineada, un poco de lluvia y la tristeza de que en unas horas más tarde saldría caminando por la misma puerta, tomaría el subte hacia el taller, o no, si de ante mano me hubiese sabido tan vulnerable.
nos tiramos en la cama.
y te ví más hombre y anhelé tocarte cuando todo hubiese terminado, cuando ya hubiesen pasado meses de ese momento y ese nosotros sonara algo lejano. (y tu piel).
me dijiste que tu viejo viajaba a grecia, y que volvías a tener plata, y pensé entonces la no casualidad que quizas nos reinaba. pero tuve la feliz decisión de decirte que te quería, y la verdad es que no entendía un carajo nada. de nada. porque entré y yo sabía que ibamos a dejarnos, ¿pero esa felicidad inconclusa? ese quererte siempre tan desesperante, tan desde adentro, desequilibrante. lloré, y devino la calma. por un segundo, el llanto amalgamaba el dolor, el alivio, la nostalgia, el presente y un pasado no tan lejano. y entonces supe recostarme nuevamente en la calma que precede a la tormenta casi sabiendo que esa fusión paralizante me perturbaría en instantes.
nos quisimos por que fue la última vez.
o la última vez hasta ahora. porque nos besamos, y se me habían acabado las carilinas y arranqué las hojas de matemáticas y me soné los mocos y estaba totalmente sucia. nos tocamos entre la sombra, y hoy me querías. incluso mucho más que otras veces. pero siempre esos silencios parecían prolongados por algunas miradas desorbitadas que no comprendían el panorama de ese balcon olvidado. y las primeras veces, las tardes, las noches, las risas, el alcohol, los acordes, los dibujos en la cocina, las baldozas y nunca la catarsis. cojimos porque era la última vez. me escondía porque no entendía esos gemidos de tan cerca, me ataste el pelo y me llenaste de nudos y te reíste y yo tenía medias largas. ¿entró el portero? fue rarísimo. corriste y cerraste la puerta con llave
-que hijo de puta, hasta le había mandado un mensaje de texto.
-no entiendo a los obreros de este departamento de mierda: hay botellas de birra en el living y hay una más grande que tiene una muñeca apoyada sobre el pico.
(...)
bueno me tengo que ir porque se me hace tarde y siento que me querés echar. quiero que estés bien. te voy a extrañar pero no te lo puedo decir porque si te lo digo voy a llorar.
-vamos a tomar el café y después te tomás el subte, pero estás tarde para la clase.
-no quiero ir a tomar un café porque es raro.
-¿qué es raro?
-estar en un bar, y estar triste.
me voy porque ya no sé que tengo que hacer. nosé desahogar. me hace mal el silencio. fumas un cigarrillo y tu humo es tan perfecto, casi tan poético. sos un ezquizofrenico de mierda y me hiciste mierda y te odio pero no quiero que nos dejemos de ver.
pero me voy y me llevo tus llaves y nosé cuando te las voy a devolver, pero camino por la calle y es una tarde horrible. y la humedad mata. y llego a lo de v. y me tiro en su cama y llamo a a. y llega, y estamos las tres y estamos solas, y estamos aliviadas, estamos bien.
pero lloro un poco pero ahora tengo carilinas. estoy muy sucia porque esto es casi telenovelístico. es vulgar decir que comimos pizza, pero lo hicimos. llegué a casa y mi mamá me regaló Agua Viva, de Lispector. quiero música, palabras, quiero el viernes y el jueves y los días que vienen. me quiero a mi, pero te. nosé que. nosé.
pero te quiero y estoy mucho más triste que esta coartada y ya me hace falta toda esa piel.
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1 comentario:
hágase de agua su rostro, si me promete que va a ser espejo del cielo.
humedézcase su nariz, si promete sollozar prosaicamente.
y siéntase mal, si promete dejarme abrazarla
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